Eskimo, las gafas que Courregès nunca inventó

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El diseñador francés André Courregès creó en 1965 unas gafas de sol hechas de plástico blanco que no tenían cristales, sino dos pequeñas aberturas horizontales que permitían filtrar la luz. Courregès había estudiado ingeniería, y como algunos de sus coetáneos, como Paco Rabanne o Pierre Cardin, estaba metido de lleno en lo que se conocía como "Diseño futurista" (o esos locos que hacen trajes de papel y sombreros de astronauta).
Courregès ya había conseguido un hito en su carrera al introducir cinco años antes la minifalda como prenda estrella en los armarios de las jóvenes europeas. Inspirado por el arte Pop y la competencia espacial entre rusos y americanos, el diseñador creaba prendas con materiales impensables hasta ese momento, como el plástico, el papel o el charol, con líneas limpias y depuradas inspirándose en la geometría.



Las gafas de las que hoy hablamos están consideradas un icono de "Space Age". Copiadas cientos de veces desde su nacimiento, fueron en su origen tachadas de absoluta desfachatez, pues sus dos pequeñas ranuras casi no permitían la visión al que las llevaba. Pero lo cierto es que Courregès se limitó a "modernizar" las gafas que los pueblos Inuit del ártico de Alaska, Canadá y Groenlandia había creado muchos siglos antes.



Las bautizadas comoprimeras gafas de sol de la historia" fueron fabricadas por necesidad. Los Inuit  necesitaban proteger sus ojos del reflejo de la nieve y el mar, sobre todo en primavera, cuando el sol está más bajo. Así fabricaban un tipo de montura hecha de madera, asta o hueso sin cristales con aberturas horizontales a modo de visor. El exterior era untado en una mezcla de grasa y hollín para absorber y neutralizar la luz. El interior estaba ahuecado para facilitar el movimiento de los párpados. Se sujetaban a la cabeza con correas de piel de foca o cordón realizado con hilos de tendón.


De ahí viene el nombre que Courregès le dio a su diseño. La idea de las "Skimo" no era tan descabellada, ni mucho menos inútil. Había salvado de la ceguera a varias generaciones de Inuits. Quizá poco práctica después de los avances en óptica del anterior medio siglo, pero no imposible. De hecho el modelo sirvió de inspiración para muchos diseñadores posteriores como Oliver Golsmith con sus "Slits" o ya en los años 80 Lamy con las "Skimo de la Plage".  
Courregès afirmó en una ocasión que crear moda no era su prioridad, sino crear estilo, "la moda cambia, el estilo es aquello que se perpetúa en el tiempo y en lo que se reconoce la personalidad". Y el resto es historia.


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