Mitos de cine: Sara Montiel

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María Antonia Abad nació el 10 de marzo de 1928 en Campo de Criptana (Ciudad Real). Y ha muerto hoy, 8 de abril de 2013 en su casa de Madrid. Tenía 85 años. Y una vida de película.
De niña se juró a sí misma salir de aquel mundo de terratenientes rurales que oprimía a su familia y utlizar su belleza para triunfar en el cine. Y así lo hizo, primero como María Alejandra y después como Sara Montiel, tras ser descubierta por el productor Vicente Casanova mientras cantaba una saeta en una procesión en la Semana Santa de Orihuela.
Se presentó a un concurso cuyo premio era participar en una película. Y a pesar de que casi no sabía leer ni escribir, aprendió el guión memorizando los diálogos que alguien le leía. Consiguió un contrato con la productora Cifesa que incluía clases de dicción y buenas maneras de señorita adulta. Tenía 14 años y un hambre de triunfo feroz.
Debutó con la película Te quiero para mí (1944) como María Alejandra y no fue hasta Empezó en boda (1944) cuando fue presentada como Sarita Montiel.
Después de intervenir en películas como Bambú (1945) y Locura de amor (1949) y por el temor de encasillarse en papeles de "cara bonita", y por qué no decirlo, porque su ambición se comía la pequeña industria nacional, la manchega Antonia, la bomba latina Sara, aterriza en México para escribir su nombre en el olimpo Hollywoodiense.
Allí pasa cinco años, y se convierte en una imprescindible de la pantalla protagonizando los títulos más importantes de la época. Así, gracias a la exhibición de la película Piel canela (1953) en Estados Unidos, representantes de United Artists contactan con ella para ofrecerle un papel en Veracruz (1955) junto a Gary Cooper, Burt Lancaster y Charles Bronson. Ella les advierte que no sabe inglés. ellos le contestan que no les importa.
Ya nada puede parar su hambre de triunfo, de olvidar la miseria de su infancia y vengarse de aquellos "amos" de familias humildes como la suya. De esa forma llega a Los Ángeles, presentada como "La española más guapa del mundo", en un país donde ella misma debía explicar la situación geográfica del suyo porque nadie sabía situarlo en el mapa.
En 1957 se casa con el director de cine Anthony Mann. Sus contratos por película superan económicamente a los de Elisabeth Taylor. Convive con todas las estrellas de la época. Crea amistades y comparte confidencias. Asiste a fiestas, eventos y estrenos de cine junto a su marido.


Ese mismo año viaja a España para protagonizar una película de bajo presupuesto a las órdenes de su amigo Juan de Orduña, casi como un favor personal. El último cuplé (1957) se convierte en uno de los títulos más taquilleros y de mayor repercusión de la historia del cine español.
 La obligación de firmar un contrato en exclusiva con una de las grandes productoras americanas y perder así su libertad, junto con el repentino triunfo de El último cuplé (1957), le hacen volver a España en 1963, para pedir el divorcio de Mann y casarse en 1964 con Vicente Ramirez Olaya, del que se separó a los dos meses de la boda porque éste quería apartarla del mundo del cine.
Después de protagonizar durante los años sesenta decenas de películas bajo contratos millonarios (en los que participaba en la elección del reparto, la música o el vestuario), la actriz comienza a espaciar sus apariciones cinematográficas, pues no se sentía identificada con el rumbo que estaba tomando el cine español. El "Destape" había llegado y el cine de estrellas del que Sara había formado parte era ya parte del pasado.
En 1973 protagoniza su última película Cinco almohadas para una noche (1973). Tras esto, se dedica a producir espectáculos de teatro y variedades, en los que también actúa.
Lo que viene después ya lo saben todos. Revistas del corazón y exclusivas, matrimonios mediáticos, excesos y amistades interesadas.
Regresa al mundo artístico en algunas ocasiones más. En el año 2002 protagoniza un increíble vídeo para la cadena MTV, como una diva modernísima y muy kitsch. Y en 2009, junto al grupo Fangoria, graba la canción Absolutamente y también el videoclip de la misma, con el que os dejo.
Se fue la mujer más moderna de todas las épocas en las que vivió.
¡Viva Sara!

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