Diario de una superviviente: Reloaded

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Y el sol asomó entre las nubes, y la gente sonreía, y la nieve se empezaba a deshacer. Juro llegué a oir el canto de los pájaros.  Hasta que la puta nieve volvió a invadir mi vida.
Y ya no puedo más. Durante los tres últimos meses, ha nevado prácticamente cada semana. Lo que sumado al frío, provoca que me haya convertido en una suerte de hermitaña que sólo sale de casa bajo amenaza terrorista.





En mi etapa anterior a 'Miedo atroz a morir congelada esperando que la luz del semáforo se ponga verde', o sea 'Vivo en una isla con 360 días de sol al año', me prodigaba yo un poco más por los quehaceres nocturnos y demás farandula. Tenía una vida social activa y entraba y salía de casa alegremente sin que mi vida se encontrara en peligro. Ahora, cada vez que quiero abandonar mi palacio austríaco tardo 10 minutos sólo en ponerme mis botas de astronauta (aqua-proof y sometidas a trescientos tipos de pruebas para soportar temperaturas de -20º Centígrados), las dos chaquetas, la bufanda, el gorro y los guantes.
Creo que nunca he invertido tanto dinero (y tiempo) en ropa de abrigo como lo he hecho aquí. Porque eso sí, yo no paso por vivir durante tres meses vestida de negro con los mismos zapatos y el mismo plumífero cada día (porque es la que más abriga y para qué quieres tener tantas chaquetas como-se-nota-que-eres-española). No. Por ahí sí que no paso. Eso sí que no.




Combatir las gélidas temperaturas significa comer, comer, beber cosas calientes, y seguir comiendo. La gente aquí no se reune en los bares para 'tomar una copa'. Aquí la gente come. En cada momento y situación del día. Así que tener una vida social activa significa ponerte hasta los codos cada vez que quedas con amigos. Si estás en un local más de 20 minutos sin pedir otra vez, el camarero/a te pregunta cada dos minutos y medio si todo está bien.









 Y sí, está bien, todo está bien, y me gusta Austria y todo eso; y Viena es preciosa y ya empiezo a tener amigos propios,  y ya me estoy acontumbrando a todas las cosas raras que ya no lo son tanto, y la comida es increíble, y me encanta que en Viena puedas pedir desayuno hasta las 3 de la tarde, sólo que como siga pidiendo más platos, querido camarero/a, cuando llegue a España me van a llevar directamente con los hipopótamos del zoo. Porque no es sano ni normal comer de esa manera. Porque esas porciones son para elefantes y lo peor es que ya me estoy acostumbrando. Y sí, no hace falta que me digas, ya me lo digo yo sola, que ya me sé la cancioncita, 'cómo-se-nota-que-soy-española'.



Una española que os quiere (a vosotros y al sol),

Pd: Feliz día de San Valentín

Belmardeluxe

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