¡Me voy al campo!

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Viena es una ciuad muy bonita, quiero decir, muy monumental e histórica, llena de museos y cultura. Pero llega un momento que tanta piedra y ladrillo gris empieza a cansar y a parecerte siempre lo mismo. Por lo menos para alguien como yo, que creció entre edificios de no mas de 5 plantas (y eso era ya exótico) y que ha pasado los dos últimos años viviendo en el campo con las olas del mar como banda sonora. 
Hace un par de días oscuros (¿por qué en Viena nunca sale el sol?) me pidieron que me abrigara, que cogiera mi nueva cámara Polaroid 2000 (mi flamante regalo de Navida) y mi especial Diana + y que me montara en el coche y-dejara-de-preguntar-porque-siempre-estoy-preguntando-como-se-nota-que-soy-española. Así que obedecí a mi Buana y procuré mantenerme calladita.
¡Y me llevaron al campo! 








 Wienerwald se encuentra a las afueras de Viena y es una zona muy popular entre los vieneses para dar largos paseos y disfrutar del aire puro. Como está un poco alejado del centro y a mucha más altura, el sol aparece más a menudo y el clima es mucho más agradable. ¡Y ahí estaba yo, disfrutando como los niños! Es un lugar precioso, con muchas y diferentes rutas de senderismo. Lleno de árboles y de pequeños comederos para las aves, que se escuchan por todas partes.







Además, en un punto intermedio del camino (no preguntéis), donde parece que sólo hay árboles, piedras, y barro, se encuentra un pequeño y precioso restaurante de madera que sirve comida tradicional vienesa. Es tan antiguo y está un lugar tan recóndito que ¡ni siquiera tiene sistema de agua potable!







Paseé, respiré aire puro, disfruté e hice muchas fotos con mi nueva Polaroid 2000 y otras tantas con mi Diana +. Aquí os dejo unas muestras escaneadas de mi nuevo jueguete. ¡Welcome home, babe!











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