Sábado en el Naschmarkt

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Como habréis podido apreciar observando la frecuencia de publicación, secundo la sana costumbre del funcionario: sólo posteo de lunes a viernes (y si me puedo escaquear el viernes, pues mejor que mejor). Porque el fin de semana, como buena española, no trabajo ni aunque Liu Xianping me lo pida de rodillas, con lo mucho que me gusta Liu Xianping. Así que cuando llega el lunes, tengo muchas cosas que contar. 

He pasado mi primer fin de semana en Viena desde que llegué hace ya un mes y he aprovechado para seguir un poco las costumbres vienesas, a ver si se me va pegando algo de la gente de aquí. Así que el sábado por la mañana, como una más de esas vienesas que tengo que llegar a ser (por el bien de mi vida social y laboral), me abrigué de forma compulsiva (mi nuevo temor absoluto es morir congelada esperando a cruzar el paso de peatones) y me acerqué al increíble mercado de antigüedades y/o rarezas de los sábados que se organiza al lado del Naschmarkt.









Para quien no lo sepa todavía, el Naschmarkt es el mercado más famoso de Viena. Se construyó en el siglo XVI para vender la fruta y la verdura que llegaba a la ciudad y la licencia de sus más de 120 puestos sólo se otorga a inmigrantes. En la actualidad alberga puestos de mercado tradicional (frutas, verduras, carnes, pescados, embutidos, especias, flores) y también una gran cantidad de restaurantes y cafeterías que ofrecen increíbles desayunos por el día y copas y buena música por la noche.
Los sábados es casi imposible moverse por el lugar, así que hay que armarse de valor y paciencia, sobre todo si se quiere encontrar "tesoros" entre los puestos. 









Atuendo: Nada de bolsos, el dinero en el bolsillo; guantes puestos (no quiero perder ningún dedo por congelación) pero fáciles de quitar; y cara de perdona,-pero-a-mí-no-me-engañas-tú,-eso-no-vale-20-euros-ni-por-asomo. Y si eres como yo, del club de los que de alemán sólo saben decir tres palabras y gesticulan mucho, pues también necesitas una persona al lado que haga las veces de traductor y mediador en los tratos.

Presupuesto: Indeterminado. Nunca se sabe lo que puedes encontrar, así que piensa en un mínimo y un máximo y llega hasta donde puedas.

Norma básica: Regatea. Siempre. Aunque te cueste (como a mí, que digo siempre que sí a la primera).

Tesoros adquiridos: Tres revistas de decoración antiguas de los años '50 y '70, un sombrero ruso de pelo blanco y un bolso Bally de los años '50.
Terminé mi visita tan contenta que casi se me había olvidado el frío.



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Belmardeluxe Küsse!

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